17/12/09

Corazón, cabeza y pelotas.


Vamos a hablar de negocios:

Un negocio consiste básicamente en sacar beneficio de algún bien o servicio que puedes aportar a alguien o a algo.

En la película Cinderella Man el empresario que gestiona los combates suelta esta perlita: "El corazón lo reservo para mi familia, la cabeza y las pelotas las utilizo en los negocios"

Yo lo veo de una manera completamente distinta. En los negocios hay que poner el mismo corazón que en la familia.

Hay que ofrecer algo que tu también comprarías. Hay que ofrecerlo con un precio justo. Si es necesario, bajar cliente a cliente y adaptarte a sus necesidades. No es lógico vender algo que no venderías a tu abuela, o que a tu abuela se lo venderías de otra forma. Ponte en su lugar.

Hay que ser justo y legal. Con legal no me refiero a cumplir la ley, sino a ir de cara, enseñar todas tus cartas sin guardarte nada en la manga, que sepan qué es lo que vendes, dónde están las virtudes y dónde las flaquezas de tu producto o servicio. Las medias verdades son grandes mentiras.

Ser un hombre de palabra. Lo que decimos hay que hacerlo dónde, cuándo, y cómo prometimos.

Funcionando así podrán irnos mejor o peor las cosas, fracasaremos o triunfaremos, pero lo que siempre se sabrá es quiénes somos y a qué jugamos. Sabrán que dentro tenemos más que sucio dinero.

Por tanto, en los negocios: mucha cabeza y muchas pelotas, pero por supuesto, con corazón.




16/12/09

Grandes egos


La verdad es que no sabía como enfrentar este tema, porque hay varias cosas sobre el tapete que se mezclan y hay que separar.

Hablo sobre la polémica generada en torno a Wyoming y Herman Tersch.

Sobre Wyoming decir que únicamente basa su humor en herir a los demás, en ridiculizarlos, en tergiversar sus discursos, destruir y manipular. Es un humor que no tiene ninguna gracia, o por lo menos no debería tenerla. ¿Por qué? Porque nadie es más que otro, porque cuando sólo tienes esas armas para ganar audiencia y ganar risas, es que eres patético, eres un prepotente y un simple bufón repelente.

Sobre Tersch decir que tampoco me gusta ni que esté en una televisión pública dirigiendo un informativo de opinión ni que exprese de esa forma sus ideas. Pero es muy cierto que lo que dijo es exactamente lo mismo que dijo Obama en su discurso cuando le entregaron el premio Nobel, pongo aquí algunos fragmentos del mismo:

"Afronto el mundo como es y no puedo permanecer sin hacer nada frente a las amenazas al pueblo estadounidense. Hablemos claro: el mal existe en el mundo. Un movimiento no-violento no podría haber detenido a los ejércitos de Hitler. Las negociaciones no pueden convencer a los líderes de Al Qaeda para que depongan las armas. Decir que la fuerza a veces es necesaria, no es un llamado al cinismo, es un reconocimiento a la historia; las imperfecciones del hombre y los límites de la razón.

...Entonces sí, los instrumentos de la guerra tienen un rol a jugar en la preservación de la paz. Y sin embargo, esta verdad debe coexistir con otra, que sin importar cuán justificada sea, la guerra promete tragedia humana. El coraje y sacrificio del soldado está lleno de gloria, expresando la devoción al país, a (una) causa y a (sus) compañeros de armas.

Pero la guerra en sí misma nunca es gloriosa y nunca debemos presumir de ella como tal. "


No creo que haya mucha diferencia de fondo entre lo que dijo Herman y lo que dijo Obama. Defender la legítima defensa.


También creo que el del Intermedio y el de Diario de la noche se están sirviendo de esta polémica para subir su audiencia y generar odio por una y por otra parte. No me gusta, me parece que se equivocan, que se aprovechan.

Si dos personas cuando lo único que generan es odio, deberían replantearse sus acciones y sus palabras.

Cuando se generan estas "grandes polémicas" yo me río, porque simplemente son "grandes egos" los que se divierten a nuestra costa.

Dicho esto, Herman está en su derecho, pero Wyoming lo sobrepasa. Ojalá se le caiga el pelo.


14/12/09

Cine


Al cine va gente de todo tipo:

Están los que no se pierden ninguna de miedo, les gusta sufrir.

Están los que sólo ven cine independiente, se jactan de ver lo último del cine japonés y de conocer todos los grandes directores europeos.

Los que desde pequeños han querido ser como Stallone, Schwarzenegger, Van Damme y Chuck Norris y se enfadan si confundes Combate Total con Combate Total 2. (Pérez Reverte dice que se niega a ver una película donde los pechos del protagonista sean los más grandes de la película)

Los que no se pierden las comedias americanas donde no cambia ni el argumento ni los actores.

También los que sueñan con ser inmortales. ¿Por qué? Porque hay quién dice que cuando estás apunto de morir ves una película de tu vida, y sufren con esa idea porque si ya tienen suficiente con estar muriéndose como para encima hacerlo viendo cine español.

Pues a ninguno de estos casos me apunto. Yo a lo que me apunto es a ir al cine, a pagar, pero a pagar por las buenas historias, que tengan algo que contar, algo diferente, divertido y atractivo.

Me da igual morirme de miedo, que la película sea rumana o que el protagonista sea Hugh Grant o
Schwarzenegger.

Por eso fui a ver "Celda 211", porque también en España se hace buen cine, y cuando se hace hay que apoyarlo (no subvencionarlo) pagando una entrada, pagando de nuestro bolsillo.

09/12/09

Colleja

Gorrones sin fronteras

PUENTE LARGO. Remoloneo en la cama. La tele dice que los misioneros sin crucifijo, pero con chalecos de coronel Tapioca, secuestrados en Mauritania siguen en paradero desconocido. Mi mujer, que es japonesa, exclama: ¡Menudo chollo! Los españoles pagáis al contado y, encima, convertís en héroes a esos pijos. Razón lleva. Pijos, caraduras, gilipollas y gorrones, añado. ¿Acció solidaria? No. Acción mamaria (de mamoneo). Lo de esa gubernamentalísima organización no gubernamental es como para clamar al cielo en el que sus frailes no creen. Pijos, porque basta verlos, saber quiénes son sus papis y pasar lista a los enchufes de los que viven. Caraduras, porque jeta de granito hay que tener para asegurar que es la misericordia -solidaridad, la llaman. Jerga progre- lo que los mueve. ¡Oh, cuánto sacrificio! ¡Qué entereza de ánimo la que los lleva a arrostrar las penalidades del turismo de aventura! Gilipollas, porque lo es en grado sumo todo el que piense que con unos cuantos camiones cargados de alubias, chocolatinas y preservativos va a sacar de apuros a millones de personas gobernadas por sinvergüenzas. Son éstos quienes se quedan con el cepillo. Y aunque así no fuese, ¿no sería más lógico cargar la ayuda en un mercante y entregarla en los puertos de destino a cualquier institución solvente (si existiera, lo que es dudoso) o depositarla en las huchas del Domund? Tres cuartas partes, como mínimo, del dinero recaudado por las oenegés laicas van a parar al pozo de los gastos de gestión y al sumidero de la corrupción. Añadan a eso los del viajecito de treinta y tantas personas -¡treinta y tantas!- enviadas desde Cataluña, a todo tren, a tan lejanos parajes y echen cuentas. ¿Es que no hay aquí pobres sin intermediarios a la vuelta de cualquier esquina? Y si el donante los prefiere de raza negra o circuncisos y con chilaba por mor del exotismo, no han de faltarle. En cuanto a lo de gorrones. Yo también me pongo a veces ridículos chalecos de coronel Tapioca, pero los pago de mi bolsillo. Si cruzo el Sáhara para revolcarme en las dunas y me descalabro o me voy al Índico a pescar atunes y doy en hueso, es sólo asunto mío o de los míos. ¡Ojalá los chupópteros sin fronteras regresen ilesos a sus camitas, pero confío en que lo sucedido sirva de escarmiento a esos tontainas y a quienes les consienten los caprichos! ¡Qué buenos son los politicastros mendicantes que nos llevan de excursión! Nunca viene mal una colleja propinada en el momento justo.

Fernando Sanchez Dragó

04/12/09

El Síndrome Simon

La mejor forma de hablar muchas veces es escuchar, más aún cuando no sabes qué escribir:


El mundo se ha psicologizado. Los psiquiatras nos hemos convertido en los médicos de cabecera. Recuerdo cuando yo tenía 12 o 13 años, que en el colegio me decían mis compañeros: «Tu padre es el doctor de los locos, qué terrible. ¿Cómo ha podido escoger esa especialidad?». Yo entonces no entendía nada y pensaba que los estudios que había elegido mi padre eran demasiado duros. En la actualidad, los psiquiatras hemos pasado de ser los doctores de los locos, de los nervios, de los que están mal de la cabeza, a ser los de la conducta, auténticos médicos de cabecera. En esa trayectoria se resume lo que ha ocurrido con la psiquiatría en los últimos 30 o 40 años en el mundo occidental.


Al mismo tiempo, estamos descubriendo enfermedades o trastornos psicológicos nuevos que no existían hace unos años. Citaré tres como ejemplo: la anorexia / bulimia, que es la obsesión por no engordar, sufrida como una tiranía contra la comida, siempre cerca de la báscula. Otro nuevo mal es el pánico de los profesores a dar clase en los colegios públicos: al haberse derrumbado el concepto de autoridad, por un lado, y al venir los alumnos asilvestrados de sus casas, el profesor tiene auténtico terror a dar clase ante la posibilidad de ser agredido física o, lo que es peor, psicológicamente. En tercer lugar quiero exponer el caso del síndrome de Simón, que también es relativamente reciente y que voy a tratar de definirlo de entrada y de especificarlo con detalle, de salida.


Se trata de un hombre, de 28 a 38 años aproximadamente, soltero o separado que pasa por soltero; inmaduro desde el punto de vista sentimental -solo quiere pasar un rato con las mujeres, en plural- divertirse y jugar como un donjuán que sale y entra. Pero no busca una mujer, sino que se busca sí mismo. Está obsesionado con el éxito -quiere triunfar, alcanzar una cota profesional alta y es capaz de sacrificarlo casi todo por esta subida de peldaños en su trabajo-. Y es finalmente un gran narcisista que se mira continuamente en el espejo. Se divide en cuatro modalidades de conducta.


1.-) Soltero. Para muchos la soltería es como un solar en el centro de una gran ciudad, que siempre puede venderse y que, a medida que pase el tiempo, se revaloriza. Tengo que hacer una crítica sobre este concepto: sólo quien es realmente libre es capaz de comprometerse. Perder la soltería por un amor fuerte, sólido, atrayente, sugestivo, indica vida, fuerza y capacidad de arriesgarse. Muchos de estos jóvenes parapetados detrás de ese estatus se exhiben frente a las chicas buscando mostrarse, desfilar por la pasarela de los que «están libres» y después que puje la que más fuerza tenga para llevarse el trofeo.


2.-) Inmaduro. Los sentimientos son estados de ánimo, positivos o negativos, que nos conducen a acercarnos o a alejarnos del objeto que aparece delante de nosotros. Son la vía regia de la afectividad, el camino trillado más frecuente. Voltaire era racionalista y Rousseau, sentimental. Leibniz decía que tout sentiment est la perception confuse de une verite, es decir, que todo sentimiento consiste en la percepción confusa de la verdad.


El sentimiento es la forma habitual y ordinaria de vivir los afectos. Son bloques informativos que nos orientan en la vida. Son una vía de conocimiento y un termómetro de nuestra vida privada. Son como un ordenador que evalúa y nos da la cuenta de resultados de nuestra vida y milagros, de nuestra afectividad. El principal sentimiento es el amor, que se abre en abanico, repleto de matices: amar, desear, querer, sentirse atraído, buscar, tener en la cabeza, necesitar, estar todo el día pensando en alguien. El análisis esta lleno de dificultades.


Tener madurez sentimental significa ser capaz de estar abierto a dar y recibir amor, a la posibilidad de descubrir otra persona a la que entregarle los papeles del tesoro escondido, dándose por entero a ella y elaborar un proyecto común. Enamorarse es crear una mitología privada con alguien. Hay dos notas esenciales: tener admiración y sentir una fuerte atracción. Es decirle a alguien: «No entiendo mi vida sin tí, eres parte fundamental de mi proyecto».


En el síndrome de Simón nos encontramos con una persona que puede tener una adecuada madurez profesional -ama su trabajo, lo cuida, lo cultiva-, pero que no tiene madurez afectiva: no sabe qué es el mundo sentimental, ni expresar sentimientos, ni que el amor es un trabajo de artesanía psicológica, desconoce que los sentimientos hay que trabajarlos con dedicación y esmero, porque si no se volatilizan. El inmaduro no sabe dar ni recibir amor y sobre todo no sabe cómo mantenerlo.


En estas características del paciente Simón asoma, emerge, salta y se levanta huracanado otro cuadro clínico que se desgaja de este y que remata la faena del siguiente modo: commiment panic syndrom, el síndrome del pánico a comprometerse con otra persona. Me decía un joven de 35 años que lleva saliendo dos años con una chica, de su mismo nivel sociocultural, que ella le había propuesto casarse después de esos dos años de andadura y él respondió: «He tenido ansiedad, pellizco gástrico, dificultad respiratoria, pellizco en la tripa y un gran miedo, porque yo creo que no estoy preparado y que lo que quiero es seguir por el momento así, hasta que pase el tiempo. No me veo en condiciones adecuadas para dar un paso tan serio».


Se han multiplicado los hombres que se adscriben a este terror al compromiso con otra persona. La sociedad actual ha ido fabricando cada vez más hombres inmaduros -que no mujeres-, que viven centrados en sus trabajos, en sus amigos, salir y entrar, algo de cultura y pasarlo bien. Son los tiempos que corren. La mujer sabe mucho más de los sentimientos que el hombre y quiere buscar un amor verdadero, auténtico, para siempre, pero se ha producido en los últimos tiempos lo que yo llamaría una cierta socialización de la inmadurez sentimental en el hombre, divertida y escandalosa, juguetona y dramática, banal y kafkiana. Esto es lo que hay.


3.-) Obsesionado con el éxito: La prioridad de esa persona es fundamentalmente encontrar una posición económica adecuada. Y sacrificarlo todo por ese objetivo. Hago una enmienda a la totalidad: es evidente que es importante trabajar el proyecto profesional, pero que ése sea el único elemento fundamental parece pobre, flaco, poco consistente. La parte tomada por el todo.


Hay otro factor escondido tras esta obsesión, que es el culto al cuerpo. Es algo que provoca en muchos casos una cierta fobia al tipo corporal propio e incluso a las partes faciales -a esto se le llama clínicamente dismorfofobia-. Esto lo saben bien los médicos de cirugía estética, pues buscan una intervención quirúrgica que palie esa impresión subjetiva.


4.-) Narcisista: el narciso es una planta exótica con hojas largas, estrechas y puntiagudas que crece en la cercanía de los lagos y se inclina como si se mirara en el espejo que el agua le ofrece. Plotino hablo del mito del narciso: cuidar tanto la fachada, la portada o la apariencia lleva a producir una idolatría de lo exterior.


Narcisista es el que tiene un amor y una preocupación desordenado hacia si mismo, y que vive en, por, si, sobre, tras la cima de una autoestima cada vez mas grande. El narcisista gira permanentemente sobre sí mismo, siempre preocupado por causar una buena impresión a la gente que le rodea y además reclamando elogios, admiración y reconocimiento. El patrón de conducta se vertebra en torno a la necesidad de reconocimiento por parte de la gente de su entorno.


De esta secuencia descriptiva asoma el complejo de superioridad. Es un sentimiento que hace que ese sujeto se vea muy por encima de los que le rodean, hay una seguridad y una arrogancia enormes. El narcisista es vanidoso y sus afirmaciones pretenden siempre imponerse al resto. Se trata de una persona muy pagada de sí misma que necesita cada vez más elogios y todo le parece poco en ese sentido, pretenciosa, creída y petulante. Y cuando se le pregunta su opinión por alguien tiende a la descalificación inmediata y rotunda del otro. Los narcisistas suelen ser tipos hipermimados y superprotegidos. Están muy acostumbrados a recibirlo todo de palabra y de hecho, a no ser corregidos ni criticados por sus progenitores.


¿Qué criterios se siguen para diagnosticar a un narcisista? Representan un patrón general de grandiosidad, necesidad de admiración, sufren falta de empatía con los demás, fantasías de éxitos ilimitados y son fátuos y engreídos. Siempre esperan recibir un trato de favor especial y si este no se da, decae su interés por esas personas.


Esta tetralogía -soltero, inmaduro, obsesivo y narcisista-, constituye una sinfonía de instrumentos desafinados, un tipo de hombre que ha construido su personalidad con unos materiales de poca solidez, pero que de lejos brilla, suena, asoma e interesa, aunque de cerca sea una modalidad nueva del hombre light, una versión de los albores del siglo XXI.


Lo psiquiatras somos perforadores de superficies, nos metemos debajo de la conducta para descubrir qué se esconde tras ella y desenmascarar a la persona para captarla en su realidad. Y en la otra cara de la moneda está la mujer soltera, sana y normal, que quiere encontrar un hombre adecuado, con el que compartir su vida, un amor para siempre, sin fecha de caducidad.


Veo cada vez más a muchas mujeres desencantadas ante este tipo de hombre, que me dicen lo siguiente: «Yo busco un tío que venga con los deberes hechos, no quiero un adolescente que tenga que educar como si fuera su madre». Este síndrome fue descrito por un médico americano, Mark Gorney, cirujano práctico.


Todos tenemos tres caras: lo que yo pienso que soy (autoconcepto), lo que otros piensan de mi (imagen) y lo que realmente soy (la verdad sobre mi mismo).


Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría y desarrolla su actividad docente en el Centro Universitario Villanueva de Madrid, adscrito a la Universidad Complutense.